19.4.14

Momentos de espera

Hoy leí en el blog del Payaso Barricada este post que titula Historia de la ¨Expreso imaginario¨, que agradezco haber encontrado, porque disparó en mi algunos pensamientos que, difusos y angustiantes, rondaban en mi mente sin tomar forma alguna para poder comunicarlos.
 
Allí encontramos un vídeo realizado por Felipe Piña que va relatando la historia de esa publicación, a través del relato de sus hacedores. Lo que escuchan mis oídos y procesa mi cerebro, es muy personal, como siempre ocurre. Se escucha e interpreta aquello que ayuda a responder preguntas previas. Esta historia es la historia de un comienzo apasionado de algo, que se convirtió en la expresión de la identidad cultural del momento, los años 70. Historia sólo entendible inserta en esa época, donde el horror, la represión y silenciamiento aguzó la creatividad y el ingenio de nuestros pelilargos de entonces. El expreso imaginario condensó un sentimiento epocal el cual se expresó del modo que encontró posible. Fue la resultante de una serie de fuerzas y contrafuerzas que pugnaban por prevalecer. Prevaleció lo que quería ser desaparecido.

Pero también es la historia de cómo eso, que emergió con fuerza inusitada, en un momento dado, entra en una fase de disgregación paulatina. Las contradicciones, la predominancia de lo comercial, la resistencia a adaptarse a lo nuevo, precipitaron el final. No de la revista, sino del proyecto. Aquel que fue más resistente, el que no pudo negociar con lo nuevo, se fue. Y ese fue Jorge Pistochi. Ese camino lo llevaba al otro extremo de su deseo. Y eso era innegociable. El leal, eligió el camino orillero: fidelidad o muerte.

Lo que sostenía el proyecto se agotaba, se resistía a seguir los mandatos del sentido común, y ya no encontraba el resquisio para mantenerse en pie y seguir creciendo con la coherencia del principio. Pero en verdad ¿que es lo que se agota? ¿que es lo que se diluye? La acción, los actos, pero no la idea, no el deseo. El deseo no se rinde. Sólo queda a la espera. Un deseo ve la luz, despierta, se abre camino hasta que llega el momento de ser descartado por otros. Entonces entra en una fase del marginación. Ahora parece antiguo, feo, inútil. Pero no, no se confundan. La marginación es el lugar de la reproducción, del nacimiento primero y del renacimiento después.

Porque, por desgracia para los calculadores, en el centro del corazón de la pasión, la pasión no muere. Por tanto, es claro, que la continuidad la deberán sostener otros con sus propios deseos. El apasionado, deberá esperar el tiempo justo para que el ciclo se repita, soportando el período de revulsión. Así se escribe la historia: un insistente volver de lo mismo, aunque no idéntico.

Demás está decir, que he usado esta historia para hablar del deseo que sostiene un proyecto. Y por elevación a nuestro proyecto kirchnerista, el que hoy está en la antesala de la marginación o de ocupar el lugar de la desaparición, en la ilusión de algunos. Esto no es melancolía sino un aprendizaje de los momentos por los que pasa inexorablemente toda empresa humana desarrollada con pasión. Creo que reconocer este fenómeno de la vida es esencial para no quedar instalados en el lugar de la amargura o el resentimiento. La otra opción es cambiarse de vereda, pero esa no me merece la menor consideración. Ya está dicho.