26.12.13

No veo el arco iris todavía

Quiero esperar hasta que aclare. Mientras tanto hay otras cosas en el mundo alejadas de la política. La política y los políticos me han afectado demasiado. Los que opinan de todo y sólo ven en el otro los errores, las maldades, ya repugnan. Tambien fui de esa manera. Pero de eso ya me cansé. No sirve. No lleva a la verdad. Ni yo soy un demonio, ni el otro lo es. Pero ambos somos muy mediocres si seguimos tratando de echarnos mutuamente las culpas. El proyecto kirchnerista es el mejor, eso es verdad, pero se ha ido desgranando, opacando, eso también es verdad, aunque todavía no puedo visualizar las causas reales. No haría jamás lo que hace Lucas Carrasco, que es adherirme al relato oposito-destructor. Porque convengamos que si el gobierno tiene un relato, la oposición también. En todo caso no han sido los culpables solo los kirchneristas, todos lo hemos sido. La responsabilidad del gobierno fue no haber salido de la pelea a tiempo. Nos hemos matado en la batalla. Llegar a este punto nos ha dejado a todos desfallecientes. En lo político, porque en lo económico, todavía no me queda claro si estamos caminando hacia la salida o hacia el precipicio. Sigo viendo que los kirchneristas buscan cambiar las condiciones en las que nos encontramos, pero a la oposición y a la opinión pública que me rodea, sigue sin venirle nada bien. Ya somos así, es nuestra esencia, nada nos conforma, somos insoportablemente soberbios y narcisistas, y con tal de tener la razón no tenemos empacho en desear la catástrofe económica del pais. Pero ahora la oposición ya tiene una carita, hipócrita pero no importa, él está respaldado por el establishment y a eso no hay con qué darle. 

Cuando Nestor subió, se la bancaron porque sabían que con el 22 por ciento de los votos efectivos, lo podían usar para que hiciera el trabajo sucio para luego sacarlo del medio. Pero el flaco desgarbado, no era una figurita fácil. Se fueron dando cuenta de a poco, al principio no lo podían creer. Hasta que por fín se dieron cuenta que la cuestión venía a matar o morir. El murió, creyeron ganar una batalla, pero no, les salió el tiro por la culata. Eso duró un tiempo. Ahora había que darle a ella, cambiar la estrategia, había que matarla o hacerla desaparecer. Casi lo logran, ella casi muere, pero todavía sigue viviendo, sin embargo ha desaparecido. Qué palabra de mierda pero es la verdad de lo que siento. Yo confiaba siempre en que ella tendría un as en la manga, pero en esta ocasión ya no estoy tan segura. El as tal vez lo tenemos, pero es el de bastos, el de espada lo sigue teniendo el establishment. El carita feliz, o careta feliz, nos gobernará en un futuro y los peronistas se alinearán todos detrás de él, y virarán sus opiniones sin importarles un soto lo que hasta hoy decían. Y a mí eso me produce asquete. Entonces, mi conclusión es que cuando desaparecieron efectivamente los jóvenes comprometidos de los 70, la consecuencia fue que muchos como yo también desaparecimos. Porque seguimos viviendo pero reprimiendo absolutamente el pensamiento político. Nos vaciamos. Vivimos, criamos a nuestros hijos, estudiamos, pero sin involucrarnos en nada, dejando absolutamente en manos de los que eso quisieron, el poder de hacer cualquier cosa, como por ejemplo dejar hacer a Menem lo que hizo. Yo fui una de las que quedó en la calle. Cuánta soledad al ver lo que pasaba y a todos los peronistas apoyando. Me gustaría que Lucas Carrasco escribiera en serio alguna vez cuando escribe de política. Estaría bueno. Yo no se si esto es un análisis valedero, pero sí se que es lo que creo, lo que siento y que por ahora no puedo hacer otra cosa que esto, ni pensarlo de otra manera.