26.12.13

En busca de la identidad perdida


Antes, al principio me llamaba, digo, este blog se llamaba ¨Diario de una bloguera angustiada¨. No podía el nombre estar mejor puesto. Esa era la sensación cotidiana: el movimiento constante, el movimiento de un deseo nacido a la par del kirchnerismo. Así, casi sin darme cuenta, me encontré con alguien que hacía y decía cosas que me volvían a hacer prestar atención, que me alegraban el corazón, que me hacían apoyarlo incondicionalmente, estar de su lado ante los constantes ataques que sufría. Así pasaron los primeros tiempos. Después Cristina que, a poco de asumir, se encontró con el campo ahí no más, con el país bloqueado, el odio, las mujeres de clase alta que mostraban los dientes. ¿Qué había pasado? No lo sabía pero sí sabía que era un momento crucial, de definiciones, de no tibieza, donde había que estar de un lado o del otro. No hace falta decir de qué lado me quedé. Momento de identidad máxima. Nunca me había ocurrido estar de acuerdo con un gobierno de los que yo había vivido. Porque como toda pretendida zurdita siempre fue efectivo darle con todo a todo el mundo, total desde los principios uno puede atacar y siempre queda rebien, inteligente y visionaria. En algunos casos fue lógico, pero también le dí a Alfonsín cuando reculó. Porque, si bien no lo había votado, al principio me gustó el viejo. Tenía polenta, era diferente, pero después, bueno para qué recordar. Luego el turco, disfrazado de caudillo, diciendo desde el sur que aunque sea con sangre íbamos a recuperar las Malvinas, y llenándose la boca diciendo que había tenido que asumir él porque Alfonsín no había podido. Qué hipócrita. Hoy me doy cuenta de lo que había pasado, pero en ese entonces, sólo me parecía que algo olía mal. No me daba cuenta todavía de las poderosísimas fuerzas que movían los hilos de la política y la voluntad de los grandes poderes de entronar a un peronista que vendría a querer alinearnos al primer mundo adscribiéndonos a la política de libre mercado. ¿Para qué habían hecho desaparecer a los ¨subversivos¨ sino para allanar el camino para poder subvertir ellos mismos el genuino deseo nacional y popular del peronismo, a través de una ideología foránea? No había, como sí lo hubo con Néstor posteriormente, alguna voz que nos dijera de qué se trataba lo que estaba pasando en realidad. Qué estábamos haciendo y qué nos estaban haciendo. Por eso los k vinieran a decir lo que debía permanecer callado para el stablishment y eso fue algo sorprendente, algo así como perder la virginidad y ver la realidad de la cuestión. El rol del programa 678, fuera o no periodístico como hoy le siguen criticando, me importa un bledo si lo es o no lo es, fue hacernos ver lo que está detrás de lo que se muestra.
  
Si el gobierno después llegó a su límite y no pudo contra tanto poderío, en realidad ya no me importa, pero ellos me enseñaron a pensar. Si ellos se quedaron con guita, tampoco me importa, y que no salte algún moralista, porque primero que haga un acto de contricción y luego me comente. 


Siguiendo con la identidad. Aquel primer nombre ya no me cuadraba, no cuadraba con mis nuevos estados. Ahora sentía que ¨nos estaban dando demasiado fuerte pero me admiraba que siguiéramos vivos¨, entonces me llamé ¨Tranquilo corazón¨, luego ¨Late corazón¨ y más tarde ¨Y a pesar de todo, Argentina late¨. Pero cada vez era más difícil. Las campañas para las PASO eran demasiado fuertes para un corazón golpeado. Entonces me llamé ¨Hacia las PASO¨. Si llegábamos ahí podíamos tener un respiro, era como esperar el descanso del primer tiempo. Luego me llamé ¨Hacia el 27 de octubre¨. Ganábamos pero duraba poco, yo sentía que el aire se iba acabando, cada vez era menor la resistencia. Demasiadas operaciones hicieron que me dedicara a publicar ¨Desmentidas¨ y así me llamé. Decidí que me iría retirando de a poco, me tenía que cuidar, y de Diario me transformé en ¨Periódica¨ hasta el día de hoy. Pero este nombre ya tampoco me representa. Sé la que fui, pero no la que soy. Quiero pasar el verano ahora. Ya no tengo angustia, ni espero, me da lo mismo una cosa que la otra. Se que hay mucha gente que está sufriendo. No me gusta. 

Ya no soy igual a la que antes era. Nadie más me puede engañar. Pero la creatividad humana no tiene límites: los nuevos políticos aprendieron a camuflarse de maneras más sutiles, porque ahora ni hablan, sólo hacen pantalla para que los incautos proyecten.  Como el massita que muchos se atreven a decir que viene del kirchnerismo. El massita es un estafador, que se metió en el corazón del kichnerismo y se llevó las mejores esencias. Estaría bien si se las devolviera al pueblo, pero no lo creo, porque como es un oportunista, o sea no es un genuino, no le va a servir, porque para poder aprovechar las buenas esencias de los otros hay que tener buena madera y este tipo no la tiene.