23.8.13

El kirchnerismo del que te nutriste y hoy abandonás, no morirá


El rasgo es lo que hace a algo, distinto de otra cosa. Es lo que hace la diferencia. El rasgo distintivo es la esencia. 

El kirchnerismo trajo consigo un rasgo que lo diferenció de otras fuerzas políticas, incluso del propio peronismo pos-dictadura: la convicción. Este rasgo queda plasmado en la frase, que se transformó en bandera, desde que Néstor Kirchner la pronunció al asumir la Presidencia de la Nación en 2003. Tal vez, lo más parecido al kirchnerismo fue el radicalismo de Alfonsín de 1983, cuyo rasgo distintivo fue la ética.  Alfonsín, en el 89 perdió el poder pero no la ética.

Si algo pierde su rasgo distintivo, ya no es lo mismo que era. Si el radicalismo perdiera su ética dejaría de ser (no está en discusión si la perdió o no la perdió). Lo mismo podría ocurrirle al kirchnerismo con su convicción. Aquel que permanezca fiel al rasgo puede decirse kirchnerista y preferirá perder el poder a cambiar su esencia. 

Después del 27 de octubre sabremos cuántos éramos verdaderamente kirchneristas (en esencia)

Distinto es el peronismo, que nunca desaparece. ¿Qué es lo que el peronismo pierde cada vez, para no perder el poder?. Es el peronismo una fuerza que, para permanecer, debe transformarse, cambiar su ropaje, camuflarse como el camaleón. Es ventajero y cuando huele sangre, como los vampiros, tiene ya a su disposición el atuendo conveniente.  Y con mucho brillo para engañar mejor. No fue el caso del kirchnerismo. 

El peronista, flojo de cincha es, en su esencia, un seguidor de Ravi Shankar: si ocurre es porque conviene. Nada de pasión, nada de ideología. Conveniencia.

Del otro lado está la opinión pública, para no decir la gente, que pide a gritos: miéntanme que me gusta.

El goce, obnubila la inteligencia, la sojuzga hasta ponerla a su servicio y le ordena encontrar los argumentos justificatorios. Digo: el peronista que quiere ganar a cualquier costo, lo que hace es gozar, y siempre con algún argumento que lo exculpe. 

Para soportar y justificar el goce hay que tener estómago. Y hoy, para ser peronista, hay que tener estómago. 

Los que, cuando les fue oportuno, fueron kirchneristas y ya blanquearon que eran moneda falsa, se entremezclan hoy con los menemistas y duhaldistas, que reaparecen en la nueva moda del peronismo de massas. 

Yo estoy segura que el kirchnerismo genuino (de sepa montonera) preferirá irse de la plaza a acompañar lo que lo descompone.

El kirchnerismo pasó por el peronismo para dignificarlo y revivirlo, nutrirlo, reivindicarlo en la  política, la cultura popular, el debate y el pensamiento. Todo aquello que, a partir de ahora, volverá a ser negado y desacreditado. 

Esto es una de las cosas más valiosas, junto a la dirección que impuso a sus políticas, que produjo el kirchnerismo. Por eso hay un antes y un después del kirchnerismo y se lo debemos a alguien que llevó la convicción al poder. 


2 comentarios:

Norberto dijo...

Yo no hablaría de peronismo, sin peronómetro a la vista pero habiendo vivido el primer peronismo, si se levantan el Viejo y Eva, con seguridad optan por Nestor y Cristina, lo demás, puro disfraz y símbolos vacios, y la corrupción que proyectan en los demás.
Nosotros somos Ella, abrazos

Gustavo Marcelo Sala dijo...

Antes de emprender la campaña para los comicios del 2003, Néstor dijo en una reunión: Hay que intentarlo, los compañeros están, con ellos damos vuelta este país como una media.
Y pasó. Y tanto pasó y tanto cambió que ya muchos no recuerdan lo que era..