3.5.13

Desmentida de una injusticia

El periodista Pablo Sirven, secretario de redacción del diario La Nación, se pone a escanciar el lenguaje, analizando la palabra ¨converso¨ con el que titula su libro para descalificar a otro periodista, Víctor Hugo Morales. 

Lo primero que me viene a la mente es que, el periodista devenido analista salvaje, ha perdido de vista analizar la significación de su propio apellido. Pero dejando a un lado esta consideración, es más llamativo aún para mí que se ponga a realizar una práctica que realizan los psicoanalistas, con la diferencia de que el psicoanalista lo hace desde un lugar, muy difícil de lograr, que es el de la posición-de-analista, en sesión y frente al paciente, que puede asociar sobre esos nuevos significantes de la escanción o desglose de la palabra. Solo ésta, la asociación del paciente, confirma la pertinencia de la interpretación. 

En este caso es evidente que el periodista Sirve-n tiene otra intención, la de usar el lenguaje para proferir un insulto descalificatorio a un periodista largamente amado por una parte muy importante del pueblo argentino, tal vez más por su apasionamiento, convicciones y belleza de su lenguaje, que por su simpatía por el kirchnerismo. 

En el blog de VHM se publicó el intercambio de mails que hubo entre el periodista de La Nación y la productora de Víctor Hugo Morales, Fabiana y con él mismo. Estos, muestran el horroroso rostro oculto de la soberbia y la envidia destructiva, que anida en el alma de quien pretende disfrazar su accionar de investigación periodística.

Las fuentes que consultó este ¨científico¨ ¿lo odiaban a VHM tanto como él?  



Fuente: ElComercial


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me imagino que Pablo Sirvén no va a contestar algo acá; no lo creo tan estúpido. Pero como todos somos un poquito vanidosos, también supongo que va a leer este post, por lo que me voy a tomar la libertad de escribirle a él.

Pablo, querido: si vas a escribir un artículo sobre la "conversión", escribilo sobre ese fenómeno, no sobre Víctor Hugo. Y si vas a escribir algo sobre Víctor Hugo, no uses categorías que primero tenés que explicar qué cuernos son y por qué son malas. Para cuando te entendieron, ya se olvidaron de Víctor Hugo, y cuando empezás a hablar de Víctor Hugo, ya no se retiene eso que decís de la conversión.

Un libro como ese está para instalar una verdad (real o supuesta), no dos verdades. Si tratás de instalar dos, no instalás ninguna, no convencés a nadie. De onda te lo digo, Pablo: ese libro ni siquiera va a confirmar a los ya convencidos.

Yo, por ejemplo, hojeé varias páginas de tu librito de morondanga y lo único que me quedó claro es que lo odiás. No me quedó nada claro por qué. Y mucho menos me quedaron ganas de pagar para averiguarlo.

Claro, a menos que lo odies porque te pagan para odiarlo (no importa mucho qué fue primero, el odio o la guita... digo, el huevo o la gallina).

Para la próxima, mejor llamalo pelotudo, choto, corrupto. Lo que quieras, pero no inventes términos que tengas que explicar.

Marcelo, el gaucho