12.6.12

Un analista por acá

Nunca, nunca, nunca dejaremos de aprender sobre cómo el odio influye sobre el razonamiento de las personas.

Queda claro que primero están las vísceras y luego las argumentaciones.

Nadie puede decir ¨me revuelco de envidia u odio¨, entonces, para no quedar atragantado o trabado, el humano busca una explicación o justificativo que le permita:

por un lado descargar el monto de ese afecto tan horrible y

por el otro, tratar de engañar al interlocutor, sobreactuando o sobreargumentando, con justificativos lo más plausibles y lógicos posibles.

Como por ejemplo escuchamos acá.

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