28.10.10

Tu cuerpo, nuestro escudo


Cuando empiezan a entender ya no estás...


Pusiste tu cuerpo para poder encauzar a la patria
hacia un destino más justo
para mostrarnos el camino
para reencontrarnos con los latidos y la emoción

que habían quedado inutilizados por los golpes asestados
en los años de ignominia.


Te fuiste sin darte cabal cuenta
de todo lo que diste
y que hoy mucha gente ve, siente
y comprende atónita y dolorida
no haber descubierto antes
la verdad de tu pasión.

Te fuiste sin darte cuenta que tu juramento fue el de un patriota
que no abjuró jamás lo prometido
y que por no traicionarlo te castigaron con injustos ataques
desprecios y denigraciones.

Pero la vida suele proceder de maneras sorprendente
haciendo que a veces sólo se pueda comprender después

cuando se mira hacia atrás
en esa retrospectiva próxima
y de nuestra historia toda
una y otra vez signada por la tragedia.


Pusiste tu cuerpo como escudo
para desviar los caminos
de la injusticia
para soportar la maledicencia
y el no reconocimiento egoista de los
intereses siniestros.

Cuando el cuerpo muere se ve el alma con más nitidez

pero fue tu alma desde tus primeros actos
la que despertó la mía

cuando desde el principio tus irreverencias
ponían en evidencia
que se podía luchar
contra el poder incólume de la dominación.

Vivirás por siempre en mí y en el pueblo renacido
porque lo que sembraste
va mostrando sus brotes
uno de ellos es este amor que te profeso
y el de tantos jóvenes que llevarán tu legado
en las banderas de su lucha.


Te interesabas por lo que duele y dónde duele
porque era lo que a vos te dolía:
eso veías y ese fue tu destino que está germinando en la patria.

Porque tu lucha no fue un juego de idealista nostálgico

fuiste entregando tu vida de a poco y vos lo sabías
por eso querías volver al Calafate, cansado ya,
por eso tus ojos tristes de los últimos tiempos
y esa mirada perdida de vez en cuando
tal vez rogando a tu corazón que aguantara un poco más.

Nunca milité en las calles pero siempre fui tu soldado en mi corazón
desde que empecé
a ver que eras diferente
siempre estuve aquí en este rinconcito bloguero

que contenía mi angustia
insoportable
al ver cómo te atacaban tan injustamente y sin comprender.

Tu irreverencia ahora se queda en nosotros
en esos llantos y los gritos
frente al féretro golpeando la emoción que se contiene
en esta manera tan tuya de entrar en la inmortalidad y de traspasarnos el corazón.

Gracias Nestor por tu amor, por el mío y por el del pueblo
y por dejarnos a Cristina que cuidaremos como vos la cuidabas.

Gracias por devolverme a la vida y a la pasión.

Hasta la victoria siempre.

2 comentarios:

Dario dijo...

Sencillamnente conmovedor, muchas gracias por este post con el que me siento tan identificado,yo no lo podria haber escrito mejor.

Ana dijo...

Darío: es bueno saber que sentís parecido.