18.9.10

El tiempo de lo popular

Por Caléndula

Creo que el sentido de la política, revivida, revitalizada en estos tiempos, apunta a reposicionar, a hacer visible lo popular, la propia cultura, lo nuestro, lo nacional, en un movimiento hacia la autonomía, la dignidad, sin que esto signifique soberbia. Abandonar el servilismo no es soberbia sino empezar a creer en nosotros, dejarnos de declamar sobre nuestras capacidades y empezar a utilizarlas, a ponerlas al servicio de una nación más justa y equitativa, en donde haya lugar para todos, los ricos, pero también para las clases trabajadoras. Para que los ricos dejen de pensar que se les debe servidumbre y comprendan de una vez que ellos sin el trabajador no son nada.


Buscar una Argentina con estilo propio en un mundo globalizado que se destruyó a sí mismo por la avaricia de los grandes intereses. Es nuestro tiempo como argentinos pero también como parte de una América Latina que siempre fue sojuzgada, sometida y colonizada económica e ideológicamente.

Creo que muchas de las voces que hoy no pueden comprender de esta manera el proceso que estamos viviendo, son muestras del resabio de ese coloniaje. Este proceso de pensamiento propio argentino recién comienza y pretende dar lugar a las bases, a los trabajadores, ellos son los que tienen que entender esto más que las cúpulas, porque el antídoto contra la manipulación y el sometimiento es el movimiento desde abajo.

Hay avances y retrocesos en esta lucha que es muy dura, pero me siento agradecida de poder vivir lo que estamos viviendo, de poder pensar nuevamente la historia y resignificarla con la ayuda, muchas veces, de los mismo protagonistas -obviamente invisibilizados por el predominio de la historia contada por los que ganaron. Pero también con la ayuda del tiempo transcurrido y de haber sido testigo de tanto desmán cometido y de tanta sangre derramada en nombre una ¨reorganización nacional¨ o de una ¨revolución productiva¨.

Una vez que las cosas ocurren, sus efectos, además de sentirse en el cuerpo de la sociedad, se justifican en el terreno de lo simbólico. Por eso la interpretación de la historia es algo esencial si queremos corregir algo. Según cómo la leemos será lo que haremos en nuestro presente. A mi entender hoy, a los argentinos, nos caben dos caminos posibles: el camino de la dignidad o continuar por el camino del coloniaje, viviendo y enarbolando ideas o teoría de otros para otros tiempos y para otros países. Y me refiero con esto a las ideas que el liberalismo enarbola y la concepción de hombre o ser humano que subyace a su concepción.


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