20.2.09

¿Por qué tanto odio?


Hoy quiero hablar del odio: del de ellos y del nuestro.

Las discusiones que a morir tienen como escenario ora un blog ora otro o foros de periodistas o la prensa digital, me hace parecer que estamos varados, trabados en un punto impedidos de avanzar. Me impulsa el deseo de tratar de entender algo de lo que nos pasa. No aspiro a encontrar una respuesta, sería pretender demasiado, sino solamente lanzar una reflexión para pensar un rato y que nos distraiga un poco de la pelea porque creo no equivocarme si digo que todos estamos sufriendo mucho con esto.

Me imagino un Gran Teatro donde los actores arman un escenario de opuestos, dos tribunas que quisieran aniquilarse entre ellas. Unos enarbolan la bandera, que creen exclusiva, de los ideales democráticos, republicanos y patrióticos y en nombre de ella y la moralidad disparan calificativos y epítetos de todo tipo, a la investidura presidencial y a los kirchneristas tildándonos de truchos, adulones, berretas, choripaneros, vendidos, prebendarios, aluvión zoológico, infelices ignorantes que se dejan engañar, etc. etc., muchas veces lanzado esto con un lenguaje brutalmente directo y otras con refinado estilo no por esto menos cruel.

Los otros, entre los que me incluyo, somos los que enarbolamos la bandera de un Proyecto Nacional y Popular, de insignia K, creyendo fervorosamente en él y deseando que nuestra conductora pueda conservar su fuerza para seguir en carrera construyendo el país según ese lineamiento de ideas. Somos fieles a los Kirchner aún a costa de saber de sus imperfecciones y errores cometidos durante sus mandatos.

En su defensa nosotros no nos quedamos atrás con nuestro odio, no soportamos la soberbia de aquellos que nos niegan, la humillación que nos infringen, la desvalorización sobre nuestros sentimientos, la burla, ese intento permanente de querer situarnos en un lugar marginal, ese apoderamiento del lenguaje popular queriendo vaciar el contenido de nuestro discurso, esa insistencia en comparar nuestro gobierno con otros gobiernos extranjeros que objetivamente no muestran ni más ni menos debilidades que el nuestro. Nuestra defensa en contrapartida también lastima y es hiriente para ellos: los calificamos de oligarcas, individualistas, falaces, golpistas, adulones de lo foráneo, arrastrados y muchos otros calificativos que no vienen ahora a mi memoria.

Así sigue y sigue la rueda de la discusión sin fin y ningún argumento ni insulto, ni nada, parece hacer mella en el otro. En realidad creo que la cuestión no se juega en el nivel del convencimiento y la racionalidad sino en ese lugar más profundo e irracional de nuestras pasiones que sigue incólume como el primer día.

En pleno conflicto por la 125 recuerdo estar preguntándome ¿dónde están los filósofos? ¿los sociólogos?, buscaba imaginar nombres nuevos a eso inédito que estaba pasando. Los que captaron esta necesidad fueron los integrantes de Carta Abierta que en este marco acuñaron la novedosa frase de ¨clima destituyente¨ que reflejaba con más justeza los acontecimientos que se vivían.

Hoy vuelvo a preguntarme algo ¿cómo se explica este odio?. ¿Con qué palabra se nombra este odio fratricida?.

Me vino a la mente el bíblico mito de Caín y Abel. Hay en la estructura de este mito, además del lugar de los hermanos, un tercer elemento que es el lugar del Padre a quien se le atribuye ser arbitrario y terrible. Si me permito una traspolación no del todo inadecuada podríamos decir que ese lugar del Padre está ocupado por aquel que llegó a la presidencia en 2003, enfrentándose de inicio a una primera traición, con el 22% de los votos, quien hubo, posteriormente, de intentar sostenerse mediante un poder legítimamente incrementado. Una vez logrado el poder real comenzó a imponerse de suyo el poder simbólico de los Kirchner representado en la letra K.

¨K¨ en tanto símbolo parece oficiar de organizador de aquel caos que lo antecedió. Símbolo que funciona como referencia, como la Plaza de un Pueblo (de cualquier pueblo) donde todos los que creemos en él querríamos encontrarnos.

Pero no todos lo entendieron ni lo sintieron así y están dispuesto a cualquier cosa, a implementar cualquier medio para destituir la IDEA. El medio es el odio en el lenguaje y el odio organizado en la estrategia.

El inconciente no es ajeno a esta producción de odio. Como no es ajeno a la producción del amor por lo que creemos. Por eso creo que estamos inmersos en un proceso que nos excede, que superará todos aquellos movimientos estratégicos que realicen sus actores políticos buscando posicionarse acorde a sus propósitos. La VERDAD, esa que está a la espera, no es la verdad lógica, ni la verdad de los argumentos, sino la verdad del inconciente, la que mueve tu mano y tus acciones aunque quieras hacer otra cosa.

Sólo queda esperar y mantener la tranquilidad aún ante aquellos que sin temor alguno se los escucha articular deseos de muerte.

2 comentarios:

aquiles m. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
aquiles m. dijo...

Muy atinada su reflexión sobre el odio como vector.

En el día de ayer El Groncho visitó mi humilde morada.
Regalándome una pregunta.
Tengo la impresión que no os conoce.
Pero apuntaron, ambos a lo mismo.
Al odio.
Deja una pregunta:
Por qué nos odiarán tanto ???

Él, siendo un peronista recalcitrante, no encuentra ningún nexo con el proyecto actual.

Recordé un pensamiento que dice:
.."El odio es un sentimiento que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia".
T, Williams.

Han tenido igual inquietud.

El humano serpentea entre el amor y el odio, toda su vida.

La inteligencia está en sustraerse de ambos.

Pero, qué sentido tendría el vivir???

A sus piés. Mi señora.