1.2.12

Esa especie de monstruo

Hoy escuché la carta que Susana Rinaldi dirigió a Mauricio Macri por su nuevo ¨veto a la Ley de Expropiación de la que fuera la casa de Juan de Dios Filiberto¨. Una angustia y sensación de impotencia me invadió. En los 90 tuvimos un gobernante que vendió todos los patrimonios empresariales del estado argentino y ahora tenemos otro que está dispuesto a destruir el patrimonio cultural de la ciudad para hacerse de los terrenos y venderlos o usufructuarlos comercialmente a buen precio. En ambos casos esta expropiación en beneficio del capital se hizo impunemente, ante el asombro e impotencia de muchos como yo, que no tuvimos ninguna posibilidad de ser escuchados o de ejercer algún tipo de oposición.

Sólo puedo decir que este hombre me parece siniestro. Está mostrando que está dispuesto a todo. Todo lo mide en términos económicos. Hay cosas que tienen otro tipo de valor, pero él o no se da cuenta o no le importa.

Tal vez sea ingenuo de mi parte, pero confío por lo menos en algunos de los propios legisladores del Pro para que hagan algo. No creo que todos sus seguidores tengan esta frialdad y este sentido anticultural o tengan un concepto mercantilista de la cultura como muestra esta especie de monstruo.

Y que los que piensan como yo y viven en la CABA se empiecen a movilizar en contra de esta conducta ya explícitamente destructiva de los bienes argentinos, porque cuando queramos acordar parte de nuestra historia estará destruída.
  
Disculpe Sr. Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero no creo que los malos, frívolos, ignorantes y/o tontos, lo sean total y eternamente. Dirá usted que la mía es una visión esperanzadora y hasta inocente y tal vez, sólo tal vez, tenga algo de razón. A veces siento cansancio y me invade un profundo hartazgo, pero sigo creyendo y militando por la vida y los valores en los que creo.
Enterarme del veto (uno más en la Viña del Señor Citadino) a la Ley de Expropiación de la que fuera la casa de Juan de Dios Filiberto en la calle Magallanes 1140 de La Boca, acentuó mi hartazgo. Lo admito, pero sin embargo estoy aquí, resucitando esos valores y esa militancia.
Si alguien no puede callar ante hechos de esta naturaleza vinculados con el tango y su historia, soy yo.
Juan de Dios Filiberto, que tiene el privilegio de dar nombre a la Orquesta Nacional de Música Argentina impulsada por Eva Perón en 1948, fue el autor de obras tan recordadas como Quejas de bandoneón, Caminito, Cuando llora la milonga, Clavel del aire o El pañuelito (por citar unas pocas) y fue amigo personal de Benito Quinquela Martín, quien no sólo pintó el frente de la casa de Filiberto, sino que le dio color a la barriada donde está el equipo de fútbol con el cual usted simpatiza.
Es simplemente imposible entender este veto, aun desde esa visión tan suya de la cultura, esa que con crudeza expresó una vez más en el festival de Cosquin, llamando al Tango "La soja Porteña". Si el Tango es una commoditie a la que hay que sacarle rentabilidad, cómo explica esta infame quema de campos que supone destruir la casa de Juan de Dios Filiberto. Como todo tiene que ver con todo, me resulta insólito y poco creíble que, en el mismo evento, usted desconozca el levantamiento del Festival Música de Provincias que, con mucha repercusión, se venía haciendo antes de su gestión y que permitía un acercamiento de la Ciudad al sonido de la Argentina profunda, como la llama nuestra Presidenta.
Ante esta política de tirar abajo cuanta edificación de valor patrimonial, tangible o intangible, quiero pensar (aquí aparece otra vez mi inocencia, qué le voy a hacer) que usted se está dejando llevar por los consejos de gente aviesa que ofician de asesores de momento, y que desconocen el valor de la palabra Cultura, así, con mayúscula.
Quiero suponer además que, ante las advertencias que de una u otra manera le está haciendo llegar la ciudadanía, usted tendrá la necesaria grandeza como para revisar las medidas adoptadas, reconociendo en muchas de ellas una improvisación lamentable y en otras la supeditación de los valores humanísticos a la fría y cruel tiranía de los números.
Todo esto Sr. Jefe de Gobierno, es un juego de abalorios que el mismísimo Herman Hesse podría haber incluido en su novela que, a propósito, le recomiendo como lectura.

Fuente LaNación.

9.1.12

Un análisis lego

Supongamos otras posibilidades

1) La primera punción da carcinoma papilar

Entonces los médicos, para cerciorarse, hacen una segunda punción.

2) La segunda punción da indeterminado (muy frecuente para el adenoma folicular).

Al continuar la incertidumbre la lógica hubiera sido hacer una tercera punción.

3) La tercera punción da negativa (no hay carcinoma, hay adenoma papilar)

¿Ud cree que habrían alcanzado alguna seguridad? No. Seguiría la incertidumbre porque podría ser que las células extraídas de la glándula en esa parte no presentaran carcinoma y otras sí.

Por lo tanto lo que se presenta es un gran dilema:

Si no hubieran operado, dado el primer resultado, habrían dejado a la Presidenta de la Nación en una situación de salud incierta, a someterse a observaciones continuas, a lo cual nosotros debemos agregar el consiguiente debilitamiento político que esto hubiera significado.

U operar y ver que hay.

Es lo que se hizo. 

Si en medio de la operación, un análisis hubiera dado nuevamente que no había cáncer, pero, habiendo encontrando que tenía nódulos en las dos mitades de la glándula ¿que era lo indicado hacer?, ¿sacarle pedacitos de las dos mitades?  Con el antecedente de las punciones ¿era esto lo más seguro? Creo que no.

Por lo tanto por mi parte pienso que lo que se hizo fue lo correcto. Se sacó toda la glándula. 

Si la segunda punción hubiera dado negativa habríamos estado en la misma situación. Habría que haber hecho nuevamente una tercera y si hubiera dado negativa tampoco habría quedado la seguridad de que no había cáncer.  Al haber dado positivo la primera vez seguir haciendo hacia el infinito punciones no nos habría sacado de la duda.

La mala suerte es que la primera haya dado ¨falso positivo¨.

Así fueron las cosas.

Lo importante entonces, lo único importante ahora, es que la Presidenta está sana.


17.12.11

La historia se repite


Momento difícil para Moyano. El sabe que todos estamos esperando sus próximos movimientos. Que la incertidumbre en la que hasta ahora nos ha sumido a millones de argentinos desaparecerá o no según cómo decida jugar. Estos momentos me recuerdan a esos minutos interminables en que Cobos pensaba su respuesta de desempate. La vanagloria lo acecha. El sólo tiene que elegir. Está a un hilo de quedar adentro como interlocutor válido y merecido o aparecer definitivamente en la vereda de enfrente junto a los buitres.

Los cantos de sirena estarán ensordeciendo su intelecto y tal vez su corazón. Si decide bien podría ser nuestro próximo presidente. Cobos también lo pensaba.

9.12.11

Al borde del cierre y de una nueva apertura.





Lo más importante de este blog está en la barra lateral. Soy una persona que no sabe de política, y lo reconoce, pero sí sabe que siente la política desde que Néstor irrumpió en la escena pública. Soy esa que lee a los que saben o a los que parece que saben porque saben decir. Esa que comprendió que últimamente los que saben nunca, pero nunca, le contestaron un comentario lo cual le hizo corroborar una y otra vez que su opinión no valía nada. Pero que también comprendió que, como hay libertad de expresión, ella podrá continuar diciendo pavadas que no serán contestadas. Igual los seguirá leyendo y respetando porque, principalmente desde el 2008 fuimos todos para el mismo lado. Fuimos todos una misma voluntad que plasmó el 23 de octubre.

Quería decir esto antes de terminar este difícil ¨año clave¨ y lo hago ahora mientras espero la Gran Fiesta de mañana 10 de diciembre de 2011, que al fin llegó, con Cristina a la cabeza y Néstor allá arriba, cerca de las estrellas.

26.11.11

El deseo del Imperio

“No dejen que Argentina se convierta en potencia. Arrastrará tras ella a toda América Latina”.
-Winston Churchill, Yalta, 1945.

”La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria en la segunda guerra mundial, y las fuerzas del Imperio no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto”. Winston Churchill, discurso en la cámara de los comunes; 1955